"diseño viceral", free style, o como quieran llamarle incluso diseño accidental
domingo, octubre 04, 2026
Y de lo local más encima
¡Párate ahí, culiao! gritó un hueón que ya no le quedaba ni aire. Se cachaba al tiro que era un paco malo pa’ correr el que perseguía al Cachete, este culiao iba arrancando de los tombos por Avenida Central y se metió en los pasajes angostos, y ahí se les perdió. Estaba acostumbrado a hacerla igual. Se había salvado con una radio de auto que después andaba vendiendo en el negocio de la tía Rosa. Le decíamos tía, pero ella en realidad no era pariente de nosotros. Ella venía del sur, había llegado con su mamá, que trabajaba como empleada doméstica en el barrio alto. Era re buena onda la tía, como tenía unos flipper ahí, nos juntábamos en la tarde con todos los cabros, nos tomábamos unas bebidas y echábamos la talla.
Pero ese día estábamos en el paradero cuando pasó el Cachete corriendo. Este huevón igual era caldo negro. Hace un par de meses había hecho una mexicana con los hermanos en la Santa Olga. Igual no hicieron mucho, su bolsa como con 50 papelinas que se la tiraron ellos mismos después.
Los Cachetes eran entero malditos los culiao, andaban todos cargados, pero niuno tenía fierro. El Cachete era el más chico, pero era igual de maldito.
Cuando el Tricolor fue a jugar de visita un amistoso a Pudahuel, al Cachete le sacaron la cresta. Igual andaba odiando el culiao, pero andaba solo, sin los hermanos. Lo pasearon por la sala de combos como por media hora. Después el hueón se fue a cargar y volvió a cobrar. Ahí le puso su puñalada a uno de los locos que le habían movido los muebles y arrancó.
Todos sabíamos que los del Laguna Sur iban a cobrar a la vuelta. Más encima, el Cachete le tiró su puntazo en la espalda y se lo pegó en una paleta, así que al loco le pusieron sus puntos y al otro domingo ya andaba jugando. El Cachete volvió a puro calentar más la weá no más.
Cuando llegó este weón donde la Tía con la radio, ahí nos contó que había un Suzuki Cervo rojo afuera del Unicop y este culiao le rompió el vidrio con su bujía y se peló la radio, una Aiwa. Igual estaba buena, pero ni uno de nosotros tenía auto, así que ¿para qué querríamos una radio? Nah, qué ver poh.
El loco dijo que al otro día la iba a ir a vender a Lo Valledor. Ahí igual podí vender lo que querai. El weón quería 20 lucas, demás se las daban.
Ese día, cuando los pacos lo perseguían, estábamos casi todos en el paradero: el Chino Castro, el Colaless,le decíamos Colaless porque jugaba al arco en tercera y no tapaba ni una weá, el Caballo, Chasquillín, el Perro y yo.
Como los pacos no alcanzaron al Cachete, nos vinieron a pintar el mono a nosotros. Entre los pacos andaba el Pioco. Ese culiao era malo igual. El Perro y yo estábamos fumando, entonces ahí el Pioco nos dijo: “Apaguen esa weá, pendejos culiaos”. Yo lo tiré al suelo y lo apagué con la zapatilla. El Perro, como era más choro, siguió fumando nomás. Y cuando se puso el cigarro en la boca para pegarle otra piteada, el Pioco le mandó un vuela mocos tan bonito que todavía están las babas del Perro colgando en el paradero. Saltó el cigarro a la cresta y el Pioco nos dijo: “Váyanse pa’ la casa cabros culiaos. Si están aquí todavía a la vuelta, me los llevo a todos”.
Así que por culpa del Cachete, el Perro se fue de charchaso y nos tuvimos que entrar temprano ese día. Igual era miércoles, así que daba lo mismo en todo caso.
El domingo tocaba de local contra el Laguna Sur. Sabíamos que iba a quedar la patá. Todo estaba tranquilo. Recién había empezado el tercera. Nosotros estábamos jugando y empatando a cero, cuando ahí vimos llegar a este culiao en bicicleta, en una bicicross chica. Seguro se la había pelado también. En cada mano traía un sable hechizo, las platinas le decía el culiao. Uno era más largo que el otro así que medio arrastraba la hoja. Entró a la cancha haciéndose el maldito y ahí lo cacharon los del Laguna, y le pusieron el terrible peñascaso en plena oreja y se le fueron encima como perro a la mierda. Lo patearon hasta que les dio hipo y se armó la media cagaita. Las dos barras peleando a todo ritmo. De repente cayeron sus peñascazos igual. Nosotros estábamos en la cancha y la cagá estaba en la entrada, así que no pudimos ir a repartir. Igual hubo varias cabezas rotas dentro de la cancha, y cuando se calmó la weá, en medio de la polvareda cachamos que el Cachete estaba en el suelo, con la cara reventada en sangre. Se lo llevaron a la posta en el auto del Pollo Plástico, pero ya se había tirao el Cachete. Llegó pata e’ laucha a la posta. No le sirvieron de ni una wea las platinas.